ANTIGUA HIERÁPOLIS
La Puerta del Infierno y la Ciudad de los Muertos en Hierápolis
Los escritores de la antigüedad describieron una cueva que mataba al instante y a sacerdotes que entraban ilesos. La ciencia detrás de la 'puerta al infierno' de Hierápolis y su necrópolis.
Check dates and availability ↗Los gorriones de Estrabón: lo que realmente describen las fuentes antiguas
El Plutonio —o Ploutonion, santuario del dios Plutón— es uno de los sitios «embrujados» mejor documentados de la Antigüedad, ya que numerosos escritores griegos y romanos lo describieron de primera mano. El geógrafo Estrabón, que escribió en el siglo I a.C., registró una abertura cercada en la roca de Hierápolis que desprendía un vapor letal para cualquier ser vivo que entrara en ella, y afirmó haberlo probado él mismo lanzando gorriones hacia la abertura y viéndolos caer muertos casi al instante. El historiador Casio Dión señaló más tarde que se había construido una estructura de observación similar a un anfiteatro alrededor del sitio para que los peregrinos y visitantes pudieran contemplarlo desde una distancia segura. No se trata de leyendas posteriores añadidas a las ruinas: son testimonios casi contemporáneos de un fenómeno que resulta tener una causa física real.
Los sacerdotes que podían entrar y vivir allí
Lo que más desconcertaba a los observadores de la antigüedad era que ciertos sacerdotes —los gallos, devotos eunucos de la diosa Cibeles, cuyo culto estaba estrechamente ligado al lugar— podían entrar en el recinto vallado y salir ilesos, aparentemente inmunes a un vapor que mataba a los animales en cuestión de segundos. Estrabón especulaba que su supervivencia se debía a la propia castración; las reconstrucciones modernas se inclinan por una explicación más mundana: que el gas letal se acumulaba en una capa baja junto al suelo, y que los sacerdotes, si eran bastante altos, contenían la respiración o se subían a piedras elevadas, podían mantener la cabeza por encima de la peor concentración el tiempo suficiente para realizar el ritual y salir de nuevo. Ya fuera por una técnica genuina o por un despliegue teatral para el público, el efecto consolidó la reputación del lugar como una auténtica puerta de entrada al inframundo.
La ciencia moderna detrás del antiguo horror
Los arqueólogos y geólogos que reexcavaron el Plutonio en la década de 2010 confirmaron el mecanismo que hay detrás de la leyenda: la cueva sigue emitiendo dióxido de carbono procedente de una actividad geológica profunda a lo largo del mismo sistema de fallas que alimenta los manantiales termales de Pamukkale. Como el CO₂ es más denso que el aire, se acumula en una especie de "lago" invisible y poco profundo en lugar de dispersarse. Las mediciones realizadas en el lugar detectaron concentraciones letales para pequeños animales y aves que se acumulan a unos 40 centímetros del suelo, suficientes para matar a cualquier criatura que introduzca la cabeza en esa capa, mientras que la cabeza de un adulto de pie permanece en aire limpio por encima de ella. El acceso moderno a la cámara excavada está estrictamente restringido por seguridad, por lo que los visitantes de hoy contemplan el yacimiento y sus ruinas circundantes sin acercarse a la propia abertura.
Uno de los cementerios antiguos más grandes de Anatolia
A poca distancia del Plutonio y del teatro, la necrópolis de Hierápolis se extiende a lo largo de unos dos kilómetros por los caminos que salen de la ciudad antigua, y es verdaderamente inmensa: uno de los cementerios más grandes y mejor conservados del mundo grecorromano, con más de mil tumbas. Como Hierápolis era famosa por ser un destino de sanación y balneario termal, atraía a un flujo constante de visitantes gravemente enfermos que esperaban que sus aguas los curaran; muchos de los que llegaban no se recuperaban, y la escala de la necrópolis refleja siglos de llegadas desde todo el Mediterráneo que terminaban su viaje allí, y no en casa. Las tumbas van desde sencillos sarcófagos hasta monumentos elaborados con forma de casa y túmulos circulares, muchas aún con inscripciones talladas que nombran a los difuntos.
Qué buscar realmente mientras lo recorres
La necrópolis invita a detenerse y contemplar, más que a fotografiar y seguir adelante. Fíjese en la variedad de tipos de tumbas que conviven lado a lado —túmulos circulares con muros de contención de piedra, sarcófagos exentos con tapas a dos aguas y pequeñas casas funerarias construidas a semejanza de las viviendas de los vivos—, reflejo de siglos de uso por familias de distintos medios y orígenes. Muchos sarcófagos lucen inscripciones en griego que registran nombres, oficios y, en ocasiones, maldiciones contra quien perturbara la sepultura; un detalle que acerca la idea abstracta de las «costumbres funerarias antiguas» a personas concretas y con nombre propio. La necrópolis se extiende a lo largo de las principales vías de acceso, sin estar cercada como atracción aparte, de modo que la mayoría de los visitantes que caminan entre las puertas la atraviesan directamente, sepan o no lo que están viendo.
Por qué el culto al inframundo se asentó justo al lado del templo del dios sol
Hoy resulta extraño pensar que un santuario dedicado a Plutón y un templo a Apolo estuvieran prácticamente uno al lado del otro en Hierápolis, pero esa convivencia responde a una lógica religiosa muy real de la Antigüedad. Apolo, venerado aquí en parte por su faceta oracular, y el culto ctónico surgido en torno a la abertura de gases estaban ambos vinculados a la profecía y al contacto con fuerzas que escapan al control humano ordinario: el propio suelo se percibía como un punto de acceso al conocimiento oculto, ya fuera canalizado a través del oráculo de un dios solar o de una entrada literal al inframundo. Los cimientos del Templo de Apolo siguen en pie junto a los restos del Plutonio, y caminar entre ambos es un recordatorio de que los visitantes de la Antigüedad vivían Hierápolis como un único paisaje sagrado y coherente, no como las "atracciones" separadas en que los itinerarios modernos la dividen.